Siguiendo
nuestra postura en cuanto a la relación con los proveedores, anexamos
información importante hallada en la web que comparte nuestra opinión y te
ayudara.
SÉ AMABLE CON TUS
PROVEEDORES
Existe una regla no
escrita que dice “el cliente siempre tiene la razón”, casi un dogma de fe en el
funcionamiento de muchas empresas. Aquellos que generan recursos son dignos de
ser elevados al Olimpo. Sin embargo, sabemos por experiencia que los clientes
no siempre están en posesión de la verdad y, demasiadas veces, la relación con
el cliente acaba en pleitesía hacia el cliente.
Por otro lado, el
contrapunto está en que solemos tratar fatal a nuestros proveedores. Los vemos
desde la posición de “superioridad” de tener en nuestra mano la decisión final,
en vez como complementos que pueden beneficiar nuestro negocio.
Resulta desesperante
el sentido de urgencia que impregna la relación comercial cuando necesitamos un
presupuesto, para luego esperar meses hasta dar una respuesta (si la damos). Es
el problema de confundir urgente con importante,
que tendemos a infravalorar el tiempo ajeno. Y no es solamente que, por
sistema, algunos demuestren su mala educación y su poca profesionalidad no
respondiendo a los correos electrónicos o al teléfono. Me enerva también la
mirada miope de la “reducción de costes”. Si confiamos en un proveedor para
servirnos, ¿por qué cuestionamos su profesionalidad/honestidad tratando de
negociar y reducir al máximo el precio de sus servicios? No es un inicio
prometedor, si pensamos que nos está engañando desde el principio. En el sector
TIC, esta actitud es muy habitual. Me sorprende, por ejemplo, que algunos de
nuestros proveedores discuten cuántas horas cuesta realizar e implantar un
nuevo desarrollo en el producto, bajando al mínimo detalle: “¿Seis horas para desarrollar
e incorporar este nuevo informe a la aplicación? Seguro que se puede hacer en
cuatro…”
Es sencillo: no regatees un presupuesto. Si te encaja y crees que está acorde con el precio de
mercado, acéptalo. Si tienes otra alternativa mejor, escójela, pero no
manipules. Y, cuando llegues a un acuerdo, respétalo y evita la tentación de
amenazar con finalizar la relación, con el único propósito de conseguir un
mejor precio.
En algún momento,
todos somos clientes o proveedores, así que es innecesario ser tan agresivo e
indolente. Más bien al contrario, un buen proveedor es un activo valioso,
porque conoce nuestro negocio mucho mejor de lo que creemos y, en un momento
dado, puede sacarnos de un apuro. Algo que un cliente raramente hará.
Tomado de: http://alfonsoromay.com/
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